La responsabilidad social de las empresas (RSE) en el sector de la edificación viene marcada por la norma ISO 26000. Publicada en noviembre de 2010, se trata de un conjunto de referencias que establecen las pautas a seguir en esta materia impuestas por la Organización Internacional de Normalización.

Dichas guías de actuación generan diversas implicaciones en ámbitos como el de la sostenibilidad, la situación laboral de los trabajadores o la convivencia y el civismo. La construcción se enmarca en un área de actividad económica que se caracteriza por ser causante de numerosos impactos en materia medioambiental.

La fabricación de materiales y productos, la puesta en marcha de las distintas fases de los procesos constructivos, el uso de las edificaciones e incluso su posterior demolición pueden llegar a generar daños, los cuales trata de evitar o minimizar la aplicación de la RSE.

Por tanto, este marco de actuación supone una estrategia fundamental que toda empresa que se dedique a esta actividad ha de integrar y poner en práctica.

Edificación y sostenibilidad, obligados a ir de la mano

Lo cual quiere decir que edificación y sostenibilidad son términos que están estrechamente relacionados. Las empresas han de seleccionar adecuadamente las iniciativas a poner en marcha y la forma de llevarlas a cabo, de manera que la vertiente medioambiental, además de otras como la social o la económica, queden completamente integradas en la idiosincrasia de estas instituciones.

La responsabilidad social de las empresas, de este modo, se ha convertido en uno de los grandes retos en los últimos años. Además de los objetivos económicos que desde siempre han movido a cualquier compañía, estas ahora tienen también que asumir objetivos sociales y medioambientales.

Estos compromisos permiten establecer un modelo de actividad sostenible, así como una adecuada gestión de las externalidades que estas empresas generan, ya sean negativas o positivas.

Los principios en los que se basa la norma ISO 26000 para tutelar a las organizaciones en su camino hacia la sostenibilidad pasan por la transparencia en los métodos de actuación, el respeto al principio de legalidad, el comportamiento ético en todas las áreas de intervención, la prevalencia de los intereses comunes y, por supuesto, el cumplimiento de los derechos humanos y las leyes nacionales e internacionales.

Beneficios de la aplicación de la responsabilidad social para las empresas

La puesta en práctica de esta norma implica que las empresas de construcción sean consecuentes con la responsabilidad social adquirida, lo cual genera una serie de beneficios. Algunos de los más significativos son:

– Mayor competitividad a nivel social.

– Mejora de la reputación y la imagen corporativa.

Compromiso de los trabajadores con la organización y el proyecto de construcción.

– Creación de conciencia por el respeto y el cuidado del entorno en el que se edifica.

– Incrementa la calidad del producto final.

– Identificación de los clientes con los valores de la empresa de edificación.

– Aumento del número de clientes y la satisfacción de los mismos.

– Se acrecienta el rendimiento de la actividad y el clima laboral se enriquece.

En definitiva, asumir la responsabilidad social no significa solamente cumplir una serie de obligaciones y parámetros, sino también beneficiarse del cumplimiento de los mismos.